lunes, 4 de mayo de 2020

Post pandemia: Hacia un liderazgo regional.

Dos cosas han sobresalido en México durante esta crisis sanitaria y de contingencia: la incompetencia del gobierno federal para sobrellevar estas crisis y el resurgimiento del sentimiento secesionista de los estados del Norte del país, más específicamente en Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.  

Del segundo punto es de lo que quisiera enfocarme; no es nuevo el sentimiento de abandono y opresión por parte del pueblo norestense de México hacia un gobierno federal que, desde hace décadas, ha beneficiado más a los estados del centro y sur al momento del reparto de recursos federales; eso aunado a la imposición política y cultural de la burocracia del centro.  

Ahora bien, a raíz de ese abandono de la federación para el combate del brote de Covid 19 en las entidades del noreste, se han levantado voces para pedir un nuevo Pacto Fisca, aunque lo que se debería negociar es un nuevo Pacto Federal que, para muchos legistas e historiadores, nunca existió.

En efecto, México al nacer como país independiente, se formó un Estado federal. Esa decisión fue, para algunos, una copia de la de Estados Unidos. Para otros fue exigencia de los grupos políticos formados en el proceso de independencia. 

En el país vecino, se realizó un intensivo debate para determinar las competencias de la federación, y al final, se determinó que este sólo se quedaría con aquellas que los Estados confederados le cedieron.  

En México se omitió en la constitución de 1824 la discusión de las facultades de cada orden de gobierno y el orden para distribuirlas entre los Estados y la Federación. 
Desde entonces la Constitución se ha reformado mas de 250 veces. Y en ninguna ocasión se ha discutido correctamente dos elementos básicos del federalismo: el sistema de distribución de competencias (Art. 124); y en que los Estados se organicen en lo interno con arreglo de sus características (Art. 40). 

 Si bien un gobierno federal controlado por una ideología fanática de izquierda no dará pie para un debate de esta cuestión (ni pensar en una secesión) es importante que las voces disidentes del Noreste se hagan escuchar. Ya sea por medios políticos y en extrema necesidad por medios fácticos. 

La historia secesionista en el Norte de México no es nueva. La República del Río Grande de 1840 es un pasaje poco mencionado en los libros de historia convencionales y gratuitos, pero nunca se ha apartado del espíritu estoico del norestense. Y eso les preocupa más a los burócratas del Centro. 

La revuelta de los Gobernadores puede ser no sólo por el federalismo fiscal, sino también por el federalismo político. Un nuevo pacto político arriba del Pacto Fiscal; dejarnos de chauvinismos  anacrónicos y pensar más en una autonomía regional, fuerte y organizada.


Por la Patria, el Pan y la Justicia Social.



 








 









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