Dos
cosas han sobresalido en México durante esta crisis sanitaria y de
contingencia: la incompetencia del gobierno federal para sobrellevar estas
crisis y el resurgimiento del sentimiento secesionista de los estados del Norte
del país, más específicamente en Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.
Del
segundo punto es de lo que quisiera enfocarme; no es nuevo el sentimiento de
abandono y opresión por parte del pueblo norestense de México hacia un gobierno
federal que, desde hace décadas, ha beneficiado más a los estados del centro y
sur al momento del reparto de recursos federales; eso aunado a la imposición
política y cultural de la burocracia del centro.
Ahora
bien, a raíz de ese abandono de la federación para el combate del brote de
Covid 19 en las entidades del noreste, se han levantado voces para pedir un
nuevo Pacto Fisca, aunque lo que se debería negociar es un nuevo Pacto Federal
que, para muchos legistas e historiadores, nunca existió.
En
efecto, México al nacer como país independiente, se formó un
Estado federal. Esa decisión fue, para algunos, una copia de la de Estados
Unidos. Para otros fue exigencia de los grupos políticos formados en el proceso
de independencia.
En el país vecino,
se realizó un intensivo debate para determinar las competencias de la
federación, y al final, se determinó que este sólo se quedaría con aquellas que
los Estados confederados le cedieron.
En México se omitió
en la constitución de 1824 la discusión de las facultades de cada orden de
gobierno y el orden para distribuirlas entre los Estados y la Federación.
Desde entonces la
Constitución se ha reformado mas de 250 veces. Y en ninguna ocasión se ha
discutido correctamente dos elementos básicos del federalismo: el sistema de
distribución de competencias (Art. 124); y en que los Estados se organicen en
lo interno con arreglo de sus características (Art. 40).
Si bien un
gobierno federal controlado por una ideología fanática de izquierda no dará pie
para un debate de esta cuestión (ni pensar en una secesión) es importante que
las voces disidentes del Noreste se hagan escuchar. Ya sea por medios políticos
y en extrema necesidad por medios fácticos.
La historia
secesionista en el Norte de México no es nueva. La República del Río Grande de
1840 es un pasaje poco mencionado en los libros de historia convencionales y
gratuitos, pero nunca se ha apartado del espíritu estoico del norestense. Y eso
les preocupa más a los burócratas del Centro.
La revuelta de los Gobernadores puede ser no sólo
por el federalismo fiscal, sino también por el federalismo político. Un nuevo
pacto político arriba del Pacto Fiscal; dejarnos de chauvinismos anacrónicos y pensar más en una autonomía regional, fuerte y organizada.
Por la Patria, el Pan y la Justicia Social.

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