A la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le preocupa
la cerrazón del Ejercito en la materia que ellos aseguran conocer bien y tan
bien la conocen que aseguran que las Fuerzas Armadas han violado una y otra vez
los derechos humanos de las personas-no sé a qué personas se refieren- y más
aún desde que militares actúan en funciones que le corresponde a las policías
locales (estatales o municipales). Además que el Secretario de la Defensa
Nacional ha declarado que no tendrán acceso para interrogar a sus elementos.
Me agrada que la CIDH esté tan preocupada por los derechos
humanos en Méjico y no tenga miedo al ser analítico y no dejarse intimidar por
militares, pero bien me gustaría que pensaran igual después de ser agredidos,
asaltados o violados por delincuentes pertenecientes a algún cártel o banda de
secuestradores del noreste o centro del país. A ellos dudo mucho que sus
"jefes" solo hagan declaraciones negándose a ser interrogados por ellos porque lo más
probable es que dichos defensores terminen en alguna fosa común o en un tambo
lleno de químicos. Quiero ver de qué sirven las recomendaciones de la CIDH en
esos casos.
A los de Derechos humanos les preocupa que los elementos
militares no sigan una normativa con respecto a los supuestos delincuentes en
cuestión de cateos e interrogaciones. A mí me preocupa más lo que está pasando
en el noreste del país, específicamente en la frontera de Tamaulipas con Texas;
en la ciudad-sin ley- de Reynosa donde ya es común los asaltos a familias de Nuevo León que se
dirigen a la ciudad de McAllen a realizar sus compras y que han sentido el terror en
carne propia al ser interceptadas y consecuentemente despojada de sus bienes
por grupos de criminales fuertemente armados y transportados en vehículos de
lujo. Ante estos hechos las autoridades municipales y estatales no han
declarado nada ni han actuado mucho menos. Preocupa más que el gobernador de
este estado alejado de la mano de Dios diga que no pasa nada y todo está muy
tranquilo. Cabe aclarar que en Reynosa la presencia de las Fuerzas Armadas es
my reducida o nula como muchos lectores pueden constatar ya se yendo-no lo
hagan- o revisando las noticias.
Ahora bien, que la fuerza de las armas no es garantía de paz
en una región lo tengo entendido; que el diálogo y los acuerdos son la mejor
vía para cualquier tratado de paz es más que claro. Pero cuando el diálogo no
existe y no lo puede haber (no se puede negociar con criminales) y las armas
están amarradas por los sesudos defensores de las garantías individuales, lo
único que queda es un estado de anarquía en el cual los que viven fuera del
marco del derecho y solo conocen la violencia como método de control son los
amos y señores donde radican.
Lo realmente preocupante es que los de la CIDH sean tan
crédulos (o estúpidos) para salir a defender criminales, mientras los
ciudadanos de bien viven "con el Jesús en la boca" por el miedo de
ser víctimas de todos. Porque aquí tan mal es el que obra (delincuentes) como
el que calla (gobiernos estatales, municipales, federal).
Por la Patria, el Pan y la Justicia
.

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